Escritor Javier Luque
Javier Luque
Tenerife, España
100% completado 
Muestras de trabajo
Vacaciones en Malibú
Para mí
Marta Fraile, de camino al trabajo, encuentra un bolso lleno de dinero
Novela, negra, policiaca
Con las manos en la almeja
Javier Luque
novela, erótica, cocina
Tómbola
Javier Luque
Novela, policiaca, negra
Datos de Escritores
- Especialidades
Narrativa
Relato breve
- Libros electrónicos
- http://www.bubok.com/libros/607/Con-las-manos-en-la-almeja-memorias-de-una-cocinera
- Audiolibros
- http:
- Editoriales
Bubok
27etras
- Títulos publicados
Con las manos en la almeja (memorias de una cocinera, Bubok (2008)
Tómbola, Bubok (2009)
Vida de Margot, Baires Popular (2005)
Historias para tres, Sex Haizegoa (2000)
- Otros servicios
Ya lo he dicho por ahí, pero lo repetiré: participo activamente en 27etras, grupo literario. Un grupo de autores que formamos un taller gratuito y que mantenemos una página web y blog.
Los premios literarios conseguidos por participantes del grupo hablan por sí mismos de la calidad literaria de sus miembros y de la validez del propio taller.
- Reseñas
"Tómbola", un reencuentro con lo clásico, el descubrimiento de lo moderno.
Por Myriam Toker
http://pargamaro.blogspot.com/
Ex policía, amante de la lectura, la comida y los buenos vinos, cansado del trajín y enamorado de su nuevo lugar de paraíso, joven para viejo, pero viejo para joven, es llamado por una amiga con la que alguna vez filmó un corto o un comercial que él mismo no llegó a ver (a él no le interesa verse, de hecho se ve sólo al final de la historia por televisión, no es un hombre narcisista con la imagen, aunque es apuesto). La tía está, como dicen en Argentina, re fuerte, y tiene todos los tics de las actrices: narcisista con fundamento, con más sentido de lo conveniente que de lo correcto -excepto cuando lo correcto es útil a su imagen-, conocedora de la manipulación de la belleza fuera de escena, llena de amistades y contactos, pero a la sazón leal a sus afectos, aunque no ingenua con ellos.
Con esa característica del género que hace de los nombres de sus personajes sustantivos o adjetivos, o sea parte de una gramática en acción, Tómbola no defrauda. Sus personajes desfilan con la nitidez que cincela leyendas: desde el Circuitos hasta la secretaria del ministerio por citar dos entre una galería que promete clásicos. Es que los personajes que desfilan aquí, van a lo que deben: que cada uno tenga una fuertísima impresión en el lector y una conducta inconfundible.
La historia parece plantearse dentro del esquema del clásico de detectives: hombre policía retirado en busca de un hombre desaparecido/muerto/en peligro/o qué, sólo porque a pesar de ser un duro siempre le puede, le tira, el salvar a la mujer en plena necesidad. La mujer, a su vez, fuerte como para acompañarlo en la peripecia, pero débil en muchos sentidos como para que él se sienta llamado a ayudar aún sin entender o verle el sentido a lo que tiene que hacer. Ambos, como opuestos sociales, están irreparablemente unidos en la cama.
El personaje al que buscan, que es siempre un personaje fuerte en esta clase de historias, y debe serlo, se construye por los bordes: lo que no está, lo que otros dicen, lo que no se sabe. En esto cumple a rajatablas con la tradición.
Pero ésta es una historia que, aunque es fiel a una tradición, está escrita en este siglo y todos sabemos que en este siglo, aunque el antihéroe parece haberse impuesto más todavía que durante la segunda guerra, lo que prima por sobre todo es la pérdida total de dignidad, y ni siquiera dramáticamente. Los que desde el punto de vista clásico hubieran sido los cobardes, los malos, los corruptos, los "degenerados", son aquí, arte y magia de la mirada de nuestro siglo, los más pequeños de los pecadores. En éste mundo ya no hay pecado, y por tanto ni la moral ni la dignidad ni la indignidad son tan fuertes como para jugar a vencer la balanza a un lado o a otro. En esto, Álvaro Xeijo marca una permanencia de otros valores en este mundo, y está bien que no sea expuesta, sino solapada y sólo emerja como retazos de miradas de otros: la madre de Enrique, Ana María, le dicen “antiguo”. Y por supuesto, es antiguo porque es heterosexual y todavía le interesa la cama. Son esas características de anacronismo, ligadas a la tradición de género, el primer hallazgo de Luque. Pensó a este hardboiled renacido un moderno completo, o un postmoderno completo. Fiel a sus padres en el género, pero hijo de la mirada de este siglo, Xeijo nace anacrónico, y por ello, en su dureza fracasada de molde antiguo y de renacimiento, y por ambas tullido del mal moral de las guerras, es increíblemente paradigmático del hoy.
En ese sentido, y estoy segura de que Javier Luque rechaza el uso de la palabra, su historia deriva en algo postmoderno: primero, porque no hay historia tal y como se promete, segundo, porque no hay muertos, ni héroes, ni vencedores ni vencidos, tiros, agentes secretos, tortura, sino la vida basta, la puta vida; tercero, porque la estructura fiel al original en lo clásico, da como resultado lo que está pasando en el mundo, un poco que todo es pura espuma y que si te pones a escarbar, lo que Xeijo no quería, y tal vez por eso no quería, verás, como dice el tango, “que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa…”
Con todo esto, voy a lo siguiente: una historia que amenaza con mezclarse a gran voltaje con la política nacional e internacional, termina, como termina -que no voy a destrozar lo mejor del final contándolo-. Sólo diré que lo hace al estilo del clásico detectivesco -no sólo de drama y amores fallidos vivía Hammett- porque los finales, nobleza obliga, vuelven al origen.
Pero, como buen producto de éste siglo -y Javier Luque es buen hijo de éste siglo-, ni siquiera lo hace amargamente: su historia no es amarga, y se las arregla para que se vean las cosas más aborrecibles. La novela rebosa “desingenuidad”, y eso le quita el peso a lo que no vale darle tanta importancia. Si el héroe del clásico detectivesco estaba recién empezando a afilar su cinismo porque el mundo adivinaba que lo gris se haría cargo de todo, el héroe actual ni siquiera juzga, sólo extraña volver a su rincón del mundo, donde todo es cómo lo soñó, ni justo ni injusto, sino sabroso; rico.
Otro rasgo común a la estructura de novela de detective americana a lo Chandler es que el narrador es testigo y protagonista al mismo tiempo, siendo por tanto la primera persona característica imprescindible. Su laconismo, su preferencia por lo físico sobre lo intelectual, sus ideas sobre los políticos, su conocimiento de la violencia por haber sido policía y su uso de la violencia cuando es necesario, lo hacen un típico de los detectives “Hard Boiled”.
En cuando a la dinámica de la estructura y su relación con Álvaro, se cumple otro rito de éste tipo de novela:
Dice Isehrwood: “I’m a camera with its shutter open, quite passive, recording, not thinking. Recording the man shaving at the window opposite and the woman in the Kimono washing her hais. Some day all this will have to be developed, carfully printed, fixed.” (Yo soy una cámara con la lente abierta, bastante pasiva, grabando, no pensando. Grabando al hombre que se afeita en la ventana del frente y a la mujer del Kimono lavándose el cabello. Algún día todo va a tener que ser revelado, cuidadosamente impreso, fijado).
Iserwood, Christopher, Goodbye to Berlin, London, Triad-Panther, 1977., p.11
Y del procedimiento narrativo se extrae una voz para Xeijo. Tengo que decir que las voces que mejor le quedan como narrador aquí son las ingenuas, las ácidas, las descreídas, las críticas sardónicas, las que manejan contrastes humorísticos e inesperados y las desconfiadas.
Otra característica imprescindible del género y presente en Tómbola: la acción sostiene la tensión del diálogo, y los diálogos la de la acción. Convengamos: la televisión y el han impuesto las voces de los buenos y los malos, las voces de la ley, los moldes y las dinámicas con las que hoy se espera hablar de crimen, extorsión, muerte. Pero Luque sobreimpone una fuerza, la de la verdad del español de la gente que, por más que trate, el actor siempre distorsiona, o acartona. Al leer, los diálogos nos instalan una música creíble.
Me permito más citas, directamente de una carta de Chandler:
“My experience with trying to help people to write has been limited but extremely intensive. I have done everything from giving would-be writers money to live on plotting and rewriting their stories for them, and so far I have found it to be all waste. The people whom God or nature intended to be writers find their own answers, and those who have to ask are impossible to help. They are merely people who want to be writers” (Mi experiencia en tartar de ayudar a la gente que escribe ha sido limitada pero intense. He hecho todo, desde darles a los futuros escritores dinero hasta vivir haciéndoles argumentos o reescribiendo sus historias por ellos, y hasta ahora encontré todo eso como una pérdida de tiempo. La gente a la que Dios o la naturaleza hace escritores encuentran sus propias respuestas, y los que tienen que preguntar son imposibles de ayudar. Son sólo gentes que quieren ser escritores).
Carta a Mrs. Hogan, 1946, p 74, Gardiner, Dorothy and Walker, Katherine Sorley. (Eds.) Raymond Chandler Speaks. Boston. Houghton Mifflin Co., 1962.
Luego dice:
“…two kinds of writers: writers who write stories or writers who write writing”. (Hay dos clases de escritores: escritores que escriben historias o escritores que escriben escritura)
Docherty, Brian, ed., American Crime Fiction: Studies in the Genre (Macmillan, 1988), p.35
Me parecieron dos párrafos excelentes porque los dijo alguien que ha escrito mucho, tanto que es el padre del género. Si de la primera cita quedan dudas, de la segunda no: para Chandler escribir era contar, y no era escribir para otros escritores.
Y esto tiene Tómbola. Y demuestra que Javier Luque es un “writer who writes stories”.
< ¿Querrás recuperar estos contactos?
Agrégalos como contactos y podrás comunicarte con ellos siempre que lo necesites





